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Hace unos meses la noticia de que una Beta, Charis Spear, había desaparecido llego a oídos de todos. El cuerpo directivo de Princeton trató de controlar la situación, esforzándose por convencer a los estudiantes de que la policía del campus estaba en su búsqueda, pero la verdad es que ellos ya sabían donde estaba. Y quién la había hecho desaparecer. El cuerpo de Charis fue hallado, y el caos se desató en Princeton. El caso fue cerrado como suicidio, la reputación de la joven como prueba eficiente de su inestabilidad mental. Pero aquellos que la conocieron, y quienes sospechan de que su desaparición y luego muerte está fuertemente relacionada con las figuras encapuchadas que fueron vistas en casi todos los crímenes contra el alumnado, saben que no fue coincidencia.
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Créditos
Skin hecho por Hardrock de Captain Knows Best. Agradecemos también a Neeve por las tablillas, en las cuales se detallan los créditos correspondientes..

Las modificaciones del diseño y los gráficos fueron editados por Kristen N. Houghton. La ambientación pertenece al staff de Princeton University, así como cada personaje le pertenece a su creador.
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Alecto W. Schneider

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Alecto W. Schneider

Mensaje por Alecto W. Schneider el Mar Jun 07, 2016 4:53 am


Cómo soy
La personalidad de Alecto se debe dividir en dos etapas: antes de su compromiso y después de la ruptura de éste.

Antes consideraba que el mundo era color rosa, que había tenido al suerte de conocer a su príncipe azul a temprana edad. Era divertida, traviesa, tranquila pero a veces caía en los excesos de la fiestas. Era bastante honesta y sincera, si algo no le parecía, te lo decía de inmediato con palabras que no te molestaran pero que la ayudaran a convencerte de que ella tenía razón. Era una persona dispuesta a ayudar y ofrecer su ayuda a quien lo necesitara. Creía que todos merecían una segunda oportunidad y todo podía ser posible. Estaba enamorada, todo lo veía con corazones y arco iris.

Después, Alecto se convirtió en la sombra de quien era. Se quedaron olvidados en un rincón sus buenas acciones. Hoy desconfía hasta de su propia sombra, no se ofrece a ayudar a menos que gane algo a cambio. Se ha vuelto a entregar a los excesos, las travesuras y la diversión pero no de la clase a la que estaba acostumbrada. Cada día quiere sentir una nueva emoción y no duda en hacer lo que sea para lograrlo. Quiere vivir lo que no ha vivido y aunque es muy joven, siente que ha perdido parte de su vida esperando a un hombre que no la merecía.

Pero no siempre es así, a veces Wilhelmine vuelve a ser esa chica dulce y confiable que antes era. Se ha descubierto haciendo buenas acciones muy a su pesar y en el fondo de su abollado corazón, sigue teniendo la mínima esperanza de volver a enamorarse, que alguien tache de su vida el amargo recuerdo de su ex. Pero no lo acepta ni lo aceptará, ella cree que para triunfar tienes que ser avasallante y no dejarte llevar por sentimentalismos. Es una contradicción constante, espero que no te duela la cabeza, pero imagina a alguien que cambia de forma de ser, muy a su pesar para poder sobrellevar un dolor que encuentra insalvable. Así es Alecto .
Quién soy
¿Qué se puede decir de Alecto que no haya sido ya leído en los periódicos? Nació dentro de una familia alemana económicamente privilegiada, dispone de contactos sociales y políticos en caso de que quiera hacer algo más que ser fotógrafa. Mantiene una relación aceptable con su familia, pero es más apegada a sus amistades. Lleva una buena relación con su hermano Amycus. Sabe el secreto que guarda, pero no se ha metido en nada concerniente a ello, porque cree que es lo bastante maduro para saber lo que hace y resolver sus problemas, signifique lo que signifique hacerlo. No, no es despiadada, simplemente práctica. Está consciente del daño que su familia sufrirá tanto social como económicamente si su verdadero trabajo sale a flote, y si, ella está dispuesta a encubrirlo, porque Alecto lo apoya, así como Amycus la apoyó en irse a vivir una temporada con ella a su departamento, sin hacerle demasiadas preguntas de por qué abandonaba la mansión familiar.

Respecto a eso, se debería mencionar que Alecto, aunque sea muy joven, estaba en compromiso con un amigo de la familia. Un joven en iguales condiciones de riqueza y nobleza; al principio la noticia no sentó bien, hubo quienes lo consideraron un capricho de la chica, pero con el paso del tiempo terminaron por aceptarlo. Aunque el gusto no les duró demasiado, porque Alecto dio término al compromiso y se mantiene hermética sobre los motivos. Un tanto es porque todo el mundo la cree culpable y otro tanto porque no quiere que sientan lástima de lo que realmente sucedió.

Un pequeño desliz. Ese fue el comunicado no escrito que les dijeron a sus amigos y familiares, sin especificar quién había fallado. Obvio todo apuntaba a ella debido a la secreta manera en que se manejó la ruptura y la cándida luz de la duda se posó sobre su prometido; después de todo, solo de él pudiera venir la idea de ser amigos. Comparado con el carácter de Alecto, el del chico era tranquilo. incluso confiable... o eso creía ella hasta el momento en que aprovechó un día libre en sus sesiones para ir a visitarlo de improviso.

La escena no era digna de recordar pero aún así Alecto no olvidaba cada detalle de lo que vio. Apenas entrar al apartamento y dejar su maleta, supo que algo estaba mal. Un olor extraño la recibió, era un perfume dulzón, no el habitual aroma a la colonia que usaba su novio. Las copas en la mesita de la sala, una cartera de mujer recargada en el borde del sofá y un camino de prendas de vestir, entre las que destacaban la camisa roja que tanto le gustaba verle puesta a él, le confirmaron que algo estaba pasando. Subió sin hacer el menor ruido las escaleras, apretando el tirante de su bolso con fuerza, llegó ante la puerta de la habitación y sin dudarlo un segundo, dio vuelta a la perilla. Ahí, en medio de la cama, estaba su prometido dormido, apenas cubierto su cuerpo desnudo por una sábana. Del baño salía vapor anunciando que alguien se estaba duchando. Solo le tomó una milésima a Wilhelmine el comprender lo que veía. Como si estuviera sintiéndose sofocada, se llevó las manos al pecho y sus dedos rozaron el dije que su novio le había regalado tiempo atrás como muestra de su amor. Un amor que hoy no existía. Se arrancó el dije jalándolo por la cadena y con el en mano, caminó hasta el borde de la cama. Observó el rostro del hombre que había elegido para pasar su vida, pero antes de que él pudiera sentir su presencia, depositó el dije sobre la mano extendida en la cama y se dio media vuelta. En ese momento no le importó quién estaba en la ducha. Pasaron varios días hasta que Wilhelmine se arrepintiera de no haber esperado a que la mujer saliera del baño o haber ido directamente hacia ella. En cambio se dirigió escaleras abajo y apenas se obligó a recordar el tomar su maleta de pasada. Cerró la puerta de entrada con más fuerza de la que quería y estuvo segura que allá arriba, su prometido acababa de despertar por el ruido.

Un vecino iba saliendo del elevador y ella lo abordó sin decir palabra, agradecida de no tener que esperar un segundo más en el piso. La soledad del elevador ocultó de miradas indiscretas las lágrimas que resbalaban por sus mejillas; pero cuando llegó al lobby, ya había tenido tiempo suficiente para buscar las gafas de sol en su bolso y apagar su celular.

Alecto no regresó a su casa o se pasó por el trabajo en unas cuantas semanas. Eventualmente avisó a su familia que estaba en un crucero por el Caribe y que no regresaría hasta después de las vacaciones de Navidad. Sobre su prometido no respondió o admitió preguntas, ella se los explicaría luego, cuando regresara. Su padre, conociéndola, no hizo demasiadas preguntas, solo se limitó a ampliarle más el límite de la tarjeta. Su hermano quiso ponerse al teléfono, pero Wilhelmine ya había colgado y vuelto a apagar el celular. Era imposible contactarla.

Cuando por fin regresó a casa, no dio explicaciones ni trajo consigo los innumerables regalos que en otras ocasiones hubiera sido motivo de risas. Sin embargo sus aventuras fueron el delirio de todos los presentes, menos de su prometido, a quién Alecto personalmente llamó para que no estuviera presente en su bienvenida. Ella volvió pero fue diferente en cada aspecto de su vida desde entonces y eso lo incluía a él. Sin más explicación que "la relación se ha enfriado" y un apretón de manos, dio por terminado un noviazgo que muchos veían culminando en el altar. Los días siguientes se refugió en el trabajo, sacando adelante el tiempo perdido por su escapada (ayudado por un buen donativo de su padre a la junta directiva de la revista donde laboraba) y apareciendo en cuanta fiesta se organizaba. Claro que en esas fiestas y reuniones también estaba su ex. No en vano ambos eran parte del intrincado círculo de sociales. En cada uno de sus encuentros, Wilhelmine le sonrió, bromeó con él y no ahondó en el tema de la separación, escapando cada vez que él quería hablar seriamente o acorralarla para hablar. "No hay nada que hablar", le repitió hasta el cansancio, no queriendo creer que pudiera ser tan cínico, aun cuando le dejó en propia mano la prueba de su presencia en el departamento esa mañana.

Finalmente Alecto confía en sus amigas, quienes le dicen que lo mejor es seguirle el juego a su ex prometido y fingir que nada pasó. "Con el tiempo, el dolor pasará". Esa premisa le dió la fuerza suficiente para hablar con él y decirle que aceptara que lo que había entre ellos, simplemente se había terminado, pero que siguieran siendo amigos por el bien de su familia y amistades. Su ex lo acepta y Wilhelmine se siente interiormente traicionada, pero nada dice y todo acaba en un largo abrazo, del que se desprende para retomar su vida diaria.

Pero hay noches en que se pregunta demasiadas cosas, ¿quién era la mujer con la que su ex la engañó; por qué no aceptaba su culpabilidad, por qué fingía demencia?, y sobre todo, ¿le dejaría de doler la herida algún día?

​Y asi fue como Wilhelmine decidió que si todo mundo la consideró culpable sin darle el beneficio de la duda, no perdería su tiempo en intentar convencerlos. eso y el mutismo de su ex ayudó a la leyenda social de que Alecto Wilhelmine Schneider engañó a su novio, cuando fue al revés... en un principio.

En sus vacaciones Alecto conoció a otro chico, uno del que solo guarda una desgastada foto polaroid que se tomaron en el crucero, uno al que no ha vuelto a ver. Ambos decidieron que si se debían encontrar, lo harían sin darse nombres o datos.

Mientras tanto la vida sigue, Schneider volvió a la escuela con una asignación temporal en Princeton y con el compromiso en mente de obtener las mejores imagenes de la prestigiosa universidad y todavía le quedan renovados bríos para sus obligaciones sociales y diversiones. Ha vuelto a ver a su ex, siguen siendo amigos. el mundo sigue rodando y Alecto solo recuerda de cuando en cuando al chico que conoció en el crucero, ese del cual nadie sabe nada, ni siquiera su ex novio, porque aunque pudo ser la venganza perfecta para el infiel, ella fue lo suficientemente inteligente como para no pagar con la misma moneda traicionera.
Alecto W. Schneider
You never gave me honesty

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Hetero
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20 Años
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America-Alemana
Grupo
Beta Lambda (β λ)
Clase social
Alta
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Última edición por Alecto W. Schneider el Vie Jun 24, 2016 4:11 am, editado 1 vez



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Re: Alecto W. Schneider

Mensaje por Derek Marston el Mar Jun 07, 2016 5:45 am
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No guardes nunca en la cabeza aquello que te quepa en un bolsillo. No tengo talentos especiales, pero sí soy profundamente curioso.La alegría de ver y entender es el más perfecto don de la naturaleza.
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